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Hernia discal: qué es, tipos, síntomas y tratamientos actuales

21 jun
4 min de lectura

Actualizado: 29 jun

La hernia discal es una de las patologías osteomusculares más frecuentes en la población adulta. Se produce cuando el núcleo pulposo del disco intervertebral se desplaza y comprime las estructuras nerviosas cercanas. Aunque puede aparecer en cualquier nivel de la columna, las localizaciones más habituales son la región lumbar y la cervical, cada una con síntomas y abordajes específicos. La buena noticia es que la mayoría de los casos se resuelven con tratamiento conservador, y cuando la cirugía es necesaria, las técnicas mínimamente invasivas actuales son muy seguras y con recuperaciones muy rápidas.


¿Qué es una hernia discal?

Los discos intervertebrales son estructuras que actúan como amortiguadores entre las vértebras. Están formados por un anillo fibroso externo y un núcleo pulposo gelatinoso en el interior. Cuando el anillo se debilita o se fisura, el núcleo puede desplazarse y comprimir las raíces nerviosas o la médula espinal, produciendo dolor, hormigueo o pérdida de fuerza.

Los factores de riesgo más comunes incluyen la edad (más frecuente entre los 30 y 50 años), el sobrepeso, los trabajos con carga física o posturas forzadas, el tabaquismo y la predisposición genética. También influye el estilo de vida: las jornadas prolongadas frente al ordenador y la falta de actividad física son factores cada vez más relevantes en consulta.



Hernia discal lumbar

Es la localización más frecuente, especialmente en los niveles L4-L5 y L5-S1. El síntoma más característico es el dolor lumbar que se irradia hacia la pierna siguiendo el trayecto del nervio ciático (lo que conocemos como ciática). Puede acompañarse de hormigueo, entumecimiento o pérdida de fuerza en el pie o la pierna afectada.

En casos graves, puede producirse el síndrome de cola de caballo (pérdida de control de esfínteres, entumecimiento perineal y debilidad en ambas piernas), que constituye una urgencia quirúrgica.


Hernia discal cervical

Las hernias cervicales afectan principalmente a los niveles C5-C6 y C6-C7. Producen dolor en el cuello que se irradia hacia el hombro, el brazo y a veces hasta los dedos de la mano, un cuadro conocido como braquialgia o cervicobraquialgia. Puede acompañarse de hormigueo, entumecimiento o debilidad en la mano.

Cuando la hernia cervical es de gran tamaño o tiene una localización central, puede comprimir la médula espinal en lugar de una raíz individual, produciendo un cuadro denominado mielopatía cervical. Sus síntomas incluyen torpeza en las manos, dificultad para caminar, alteración del equilibrio y, en casos avanzados, pérdida de fuerza en las cuatro extremidades. La mielopatía cervical requiere valoración quirúrgica prioritaria.


Diagnóstico

El diagnóstico comienza con una exploración clínica detallada que incluye valoración de la movilidad, los reflejos, la sensibilidad y la fuerza muscular. La resonancia magnética (RM) es la prueba de imagen de referencia, ya que permite visualizar el disco, la compresión nerviosa y las estructuras adyacentes. En algunos casos se complementa con un electromiograma para evaluar el grado de afectación nerviosa.

Es importante saber que no toda hernia discal produce síntomas. Muchas se descubren de forma incidental en resonancias realizadas por otros motivos. Lo que determina la necesidad de tratamiento es la clínica del paciente, no solo la imagen. Si presentas síntomas persistentes, conoce cuándo es necesario acudir a un traumatólogo especialista en columna.


Tratamiento conservador

La mayoría de las hernias discales, tanto lumbares como cervicales, mejoran sin cirugía en un plazo de 6 a 12 semanas. El tratamiento inicial incluye medicación antiinflamatoria y analgésica, fisioterapia dirigida, y modificación de hábitos posturales y ergonómicos. Las infiltraciones (epidurales en columna lumbar, foraminales en columna cervical) pueden ser útiles para controlar el dolor intenso mientras se produce la reabsorción natural del fragmento herniado.


¿Cuándo es necesaria la cirugía?

Se recomienda la intervención quirúrgica cuando el dolor no mejora tras un periodo adecuado de tratamiento conservador (generalmente 6-8 semanas), cuando hay déficit neurológico progresivo (pérdida de fuerza), en caso de síndrome de cola de caballo, o en presencia de mielopatía cervical.

Tanto en columna lumbar como cervical, las técnicas mínimamente invasivas como la cirugía endoscópica permiten resolver la compresión a través de incisiones de pocos milímetros.

En aquellos casos en los que no podemos optar por estas técnicas, las opciones quirúrgicas incluyen las artroplastias discales (prótesis de disco) que preservan la movilidad del segmento intervenido, o las técnicas de fusión (artrodesis). La elección de la técnica depende de la localización de la hernia, el estado del disco y la presencia o ausencia de inestabilidad.


Prevención

Mantener un peso saludable, practicar ejercicio regular (especialmente ejercicios de fortalecimiento de core y musculatura cervical), cuidar la ergonomía en el trabajo, evitar el sedentarismo y controlar las posturas forzadas del cuello son las mejores estrategias para prevenir la aparición o recurrencia de una hernia discal. Si tienes dolor lumbar o cervical persistente con irradiación hacia las extremidades, no demores la consulta con un especialista.

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